Evangelio del 6 de noviembre de 2025

Evangelio según San Lucas 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”.

Lectura del Día – Romanos 14, 7-12

Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto, somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

Pero tú, ¿por qué juzgas mal a tu hermano? ¿Por qué lo desprecias? Todos vamos a comparecer ante el tribunal de Dios. Como dice la Escritura: Juro por mí mismo, dice el Señor, que todos doblarán la rodilla ante mí y todos reconocerán públicamente que yo soy Dios.

En resumen: cada uno de nosotros tendrá que dar cuenta de sí mismo a Dios.

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Reflexión: pertenecemos al Señor y Él sale a buscarnos

Hoy el Evangelio 6 de noviembre de 2025 nos pone frente a dos certezas: en Romanos 14,7-12, san Pablo recuerda que no vivimos ni morimos para nosotros mismos; somos del Señor. Y en Lucas 15,1-10, Jesús revela el corazón del Padre que busca a quien se pierde y se llena de alegría cuando lo encuentra. Pertenencia y misericordia: dos columnas para caminar en paz.

Si somos del Señor, no tiene sentido vivir juzgando o despreciando a los demás. Pablo nos sitúa ante el “tribunal de Dios”: cada uno dará cuentas de sí mismo. En vez de medir al hermano, miremos nuestro propio corazón: ¿a quién he dejado fuera por mis etiquetas? ¿A quién he negado una segunda oportunidad? El Evangelio de hoy nos enseña que la medida del cielo es la misericordia.

Jesús habla de la oveja y de la moneda perdidas para mostrarnos una búsqueda paciente, concreta y alegre. Dios no se resigna: deja las noventa y nueve, enciende la lámpara, barre la casa, pregunta, insiste. Y cuando encuentra, carga sobre sus hombros y convoca a la fiesta. La conversión no es un regaño sino una celebración: “hay más alegría por un pecador que se arrepiente”. En la misa de hoy, deja que el Buen Pastor te encuentre donde estés: cansancio, sequedad, culpa o rutina.

Propósito del día: sustituir un juicio por una obra de misericordia (escuchar, reconciliar, acompañar) y confesar aquello que me aparta del Señor.
Jaculatoria: Jesús, Pastor bueno, soy tuyo; encuéntrame y llévame contigo.

Comentario pastoral: Vaticano.

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