Evangelio 31 de octubre de 2025

Evangelio según San Lucas 14, 1-6

Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: “¿Está permitido curar en sábado o no?”

Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: “Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?” Y ellos no supieron qué contestarle.

Lectura del Día – Romanos 9, 1-5

Hermanos: Les hablo con toda verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante tortura mi corazón.

Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre, los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, la alianza, la ley, el culto, las promesas. Ellos son descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne, nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén.

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Reflexión: el amor de Dios no tiene días prohibidos

El Evangelio 31 de octubre de 2025 (Lc 14, 1-6) nos muestra a Jesús frente a la mirada fría de los fariseos. Lo observan, lo juzgan, esperando que transgreda la norma. Pero ante un enfermo, el Maestro no duda: lo cura, porque para Él el amor siempre está por encima de la ley. Su gesto nos revela que el corazón de Dios no conoce calendarios ni restricciones cuando se trata de aliviar el sufrimiento humano.

Este pasaje nos invita a revisar nuestras propias actitudes. A veces, también nosotros nos escudamos en reglas, horarios o costumbres para no involucrarnos en el dolor ajeno. Jesús rompe esa lógica y nos enseña que la compasión no tiene descanso. Amar, perdonar, servir, consolar... nunca es inoportuno. Quien pone límites al amor no ha comprendido todavía la libertad del Evangelio.

La lectura de San Pablo (Rm 9, 1-5) nos recuerda el amor profundo que nace del Espíritu: un amor que sufre por los hermanos y desea su salvación. Así debe ser nuestra fe: no una fe de normas frías, sino una fe que siente con el corazón de Cristo. Porque quien ama de verdad no pregunta “si está permitido”, sino “qué necesita mi hermano”.

Propósito del día: realizar una obra de misericordia aunque suponga salir de la rutina o del propio plan.
Jaculatoria: Señor Jesús, enséñame a amar como Tú, sin medidas ni condiciones.

Comentario pastoral: Vaticano.