Evangelio 27 de noviembre de 2025
Evangelio según san Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando vean a Jerusalén sitiada por un ejército, sepan que se aproxima su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en la ciudad, que se alejen de ella; los que estén en el campo, que no vuelvan a la ciudad; porque esos días serán de castigo para que se cumpla todo lo que está escrito.
“¡Pobres de las que estén embarazadas y de las que estén criando en aquellos días! Porque vendrá una gran calamidad sobre el país y el castigo de Dios se descargará contra este pueblo. Caerán al filo de la espada, serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los paganos, hasta que se cumpla el plazo que Dios les ha señalado.
“Habrá señales prodigiosas en el sol, en la luna y en las estrellas. En la tierra las naciones se llenarán de angustia y de miedo por el estruendo de las olas del mar; la gente se morirá de terror y de angustiosa espera por las cosas que vendrán sobre el mundo, pues hasta las estrellas se bambolearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube, con gran poder y majestad. Cuando estas cosas comiencen a suceder, pongan atención y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación”.
Lectura del Día – Daniel 6, 12-28
Lectura de la profecía de Daniel.
En aquellos días, unos hombres fueron a espiar a Daniel y lo sorprendieron haciendo oración a su Dios. Entonces fueron a decirle al rey Darío: “Señor, ¿no has firmado tú un decreto, que prohibe, durante treinta días, hacer oración a cualquier dios u hombre que no seas tú, bajo pena de ser arrojado al foso de los leones?”
El rey contestó: “El decreto está en vigor, como ley irrevocable para medos y persas”. Ellos le replicaron: “Pues Daniel, uno de los desterrados de Judea, no ha obedecido el decreto que firmaste, porque tres veces al día hace oración a su Dios”.
Al oír estas palabras, el rey se afligió mucho, se propuso salvar a Daniel y hasta la puesta del sol estuvo buscando el modo de librarlo. Pero aquellos hombres, comprendiendo que el rey quería salvar a Daniel, le urgían diciéndole: “Señor, tú sabes que, según la ley de medos y persas, un decreto real es irrevocable”.
Entonces el rey ordenó que trajeran a Daniel y lo arrojaran al foso de los leones. Pero le dijo a Daniel: “Tu Dios, a quien sirves con perseverancia, te va a librar”.
Trajeron una piedra, taparon con ella la entrada del foso y el rey la selló con su sello y con el de sus funcionarios, para que nadie pudiera modificar la sentencia dada en contra de Daniel. Después el rey se volvió a su palacio y se pasó la noche sin probar bocado y sin poder dormir.
Al amanecer, se levantó y se dirigió a toda prisa al foso de los leones. Ya cerca del foso le gritó angustiado a Daniel: “Daniel, siervo del Dios vivo, ¿ha podido salvarte de los leones tu Dios, a quien veneras fielmente?” Daniel le contestó: “Viva siempre el rey. Mi Dios envió a sus ángeles para cerrar las fauces de los leones y no me han hecho nada, porque ante él soy inocente, como lo soy también ante ti”.
El rey se alegró mucho y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo, vieron que no tenía ni un rasguño, porque había confiado en su Dios. Luego ordenó que trajeran a los que habían acusado a Daniel y los arrojaran al foso de los leones con sus hijos y sus esposas. No habían llegado al suelo y ya los leones los habían atrapado y despedazado.
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas de la tierra: “Paz y bienestar. Ordeno y mando que en mi imperio, todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo, que permanece para siempre. Su reino no será destruido, su imperio durará hasta el fin. Él salva y libra, obra prodigios y señales en el cielo y en la tierra. Él salvó a Daniel de los leones”.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 27 de noviembre 2025
Reflexión: confianza que vence al miedo
Hoy el Evangelio 27 de noviembre (Lc 21,20-28) nos sitúa ante un discurso fuerte de Jesús: tiempos de angustia, señales en el cielo, pueblos con miedo, incertidumbre que sacude el mundo. Y, sin embargo, en medio de ese lenguaje apocalíptico, Jesús regala una frase que ilumina todo: “levanten la cabeza, porque se acerca su liberación”. No es un mensaje de terror, sino de esperanza. El Señor recuerda que la historia no está en manos del caos, sino en manos de Dios.
La primera lectura de hoy, del libro de Daniel (Dn 6,12-28), nos muestra esa misma verdad vivida en carne propia. Daniel es arrojado al foso de los leones por mantenerse fiel a Dios, pero el Señor envía un ángel que cierra las fauces de los animales. En medio de la injusticia y del peligro mortal, Dios actúa. El Evangelio 27 de noviembre nos enseña que la fe no nos libra de los problemas, pero sí nos sostiene dentro de ellos.
Daniel sobrevivió porque confió. El rey Darío pasó la noche sin poder dormir, pero Daniel descansó en la paz de quien sabe que Dios no abandona. Así también nosotros, cuando las preocupaciones, el miedo al futuro o el ruido del mundo nos agobian, somos llamados a poner los ojos en Cristo. Él no promete una vida sin dificultades; promete su presencia en cada dificultad. Levantar la cabeza es un gesto espiritual: mirar a Dios para no quedar atrapados en la ansiedad.
Jesús nos invita hoy a interpretar la historia no desde el miedo, sino desde la esperanza. Como dice el Papa Francisco, cuando las angustias “cargan al corazón como rocas”, el Señor nos pide abrirle espacio para reencontrar la esperanza. En tiempos de turbulencia interior o exterior, Dios sigue actuando, sigue salvando, sigue enviando ángeles. Nuestra tarea es permanecer fieles, como Daniel, y esperar confiados la liberación que viene de Dios.
Propósito del día: entregar a Dios un miedo concreto, poniendo en sus
manos aquello que te inquieta.
Jaculatoria: Señor, enséñame a levantar la cabeza y confiar en Ti.
Comentario pastoral: Vaticano.
