Evangelio del 25 de noviembre de 2025
Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 5-11
En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”
Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles”.
Lectura del Día – Profecía de Daniel 2, 31-45
En aquellos días, Daniel le dijo al rey Nabucodonosor: “Tú, rey, has tenido esta visión: viste delante de ti una estatua, una estatua gigantesca, de un brillo extraordinario y de aspecto imponente. La cabeza de la estatua era de oro puro; el pecho y los brazos, de plata; el vientre y los muslos, de bronce; las piernas, de hierro; y los pies, de hierro mezclado con barro.
Tú la estabas mirando, cuando de pronto una piedra que se desprendió del monte, sin intervención de mano alguna, vino a chocar con los pies de hierro y barro de la estatua y los hizo pedazos. Entonces todo se hizo añicos: el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; todo quedó como el polvo que se desprende cuando se trilla el grano en el verano y el viento se lo lleva sin dejar rastro. Y la piedra que había golpeado la estatua se convirtió en un gran monte, que llenó toda la tierra.
Este fue tu sueño y ahora te lo voy a interpretar. Tú, rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino y el poder, el dominio y la gloria, pues te ha dado poder sobre todos los hombres, sobre las bestias del campo y las aves del cielo, para que reines sobre ellos, tú eres la cabeza de oro.
Después de ti surgirá un reino de plata, menos poderoso que el tuyo. Después vendrá un tercer reino, de bronce, que dominará toda la tierra. Y habrá un cuarto reino, fuerte como el hierro; así como el hierro destroza y machaca todo, así él destrozará y aplastará a todos.
Los pies y los dedos de hierro mezclado con barro que viste, representan un reino dividido; tendrá algo de la solidez del hierro, porque viste el hierro mezclado con el barro. Los dedos de los pies, de hierro y de barro, significan un reino al mismo tiempo poderoso y débil. Y el hierro mezclado con el barro quiere decir que los linajes se mezclarán, pero no llegarán a fundirse, de la misma manera que el hierro no se mezcla con el barro.
En tiempo de estos reyes, el Dios del cielo hará surgir un reino que jamás será destruido, ni dominado por ninguna otra nación. Destruirá y aniquilará a todos estos reinos y él durará para siempre. Eso significa la piedra que has visto desprenderse del monte, sin intervención de mano humana, y que redujo a polvo el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro.
El Dios grande ha manifestado al rey lo que va a suceder. El sueño es verdadero, y su interpretación, digna de crédito”.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 25 de noviembre 2025
Reflexión: Dios construye un Reino que nada puede destruir
Hoy el Evangelio 25 de noviembre de 2025 (Lc 21,5-11) y la profecía de Daniel 2,31-45 nos colocan frente a una verdad profunda: todo lo humano, por más imponente o sólido que parezca, es pasajero. La estatua del sueño de Nabucodonosor —hecha de oro, plata, bronce, hierro y barro— simboliza los reinos que se suceden en la historia. Todos terminan desmoronándose. Solo la piedra “desprendida sin intervención humana” permanece para siempre. Esa piedra es el Reino de Dios, que crece silenciosamente hasta llenar toda la tierra.
El Evangelio 25 de noviembre de 2025 continúa esta misma enseñanza: Jesús anuncia que “no quedará piedra sobre piedra” ni siquiera del templo más admirado. Y, sin embargo, dice también que no es el fin. Guerras, conflictos, epidemias y terremotos no son señales del derrumbe final, sino llamadas a despertar la fe, a no dejarnos engañar, a no vivir paralizados por el miedo. El terror no viene de Dios; la esperanza sí.
Jesús pide vigilancia, discernimiento y paz interior: “Que no los domine el pánico”. Los reinos caen, las estructuras cambian, la historia se sacude… pero el cristiano sabe que su vida está apoyada sobre la roca verdadera. La piedra que derriba a la estatua es Cristo, cuyo Reino no pasa. Él permanece incluso cuando todo parece incierto o inestable.
Las palabras del Papa Francisco iluminan esta lectura: no basta interpretar los signos de los tiempos como catástrofes inevitables. El cristiano se pregunta: “¿Qué me dice el Señor en este momento?” y “¿Qué bien puedo hacer yo concretamente?”. No huir, no hundirse en el pesimismo, no pensar que la historia está perdida. El Dios de la resurrección siempre abre caminos nuevos.
Propósito del día: hacer una obra concreta de esperanza: una ayuda, una llamada,
un perdón o un gesto que siembre paz donde haya miedo.
Jaculatoria: Señor, sé mi roca firme cuando todo se tambalea.
Comentario pastoral: Vaticano.
