Evangelio del 2 de noviembre de 2025
Evangelio según San Juan 6, 37-40
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día”.
Primera lectura – Sabiduría 3, 1-9
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no los alcanzará ningún tormento. Los insensatos pensaban que los justos habían muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su salida de entre nosotros, una completa destrucción. Pero los justos están en paz.
La gente pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban confiadamente la inmortalidad. Después de breves sufrimientos recibirán una abundante recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. Los probó como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto agradable.
En el día del juicio brillarán los justos como chispas que se propagan en un cañaveral. Juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre ellos.
Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que son fieles a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de ellos.
Segunda lectura – Romanos 5, 5-11
Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado.
En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.
Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 2 de noviembre 2025
Reflexión: el amor de Dios vence a la muerte
En este Evangelio 2 de noviembre (Jn 6, 37-40), Jesús nos revela el corazón del Padre: “Todo el que vea al Hijo y crea en Él, tendrá vida eterna”. En el día en que recordamos a los fieles difuntos, estas palabras son fuente de consuelo y esperanza. Dios no abandona a ninguno de los suyos; su voluntad es que nadie se pierda y que todos sean resucitados a la vida eterna. El amor de Dios no termina en la tumba, sino que abre las puertas de la eternidad.
La primera lectura (Sab 3,1-9) proclama que “las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento las alcanzará”. Quien confía en el Señor vive en paz, incluso en medio del dolor. La muerte no tiene la última palabra, porque la fe nos asegura que los que amaron permanecen en Dios. Ellos no han desaparecido, sino que viven en su luz, purificados como oro en el crisol del amor divino.
San Pablo, en la segunda lectura (Rom 5,5-11), recuerda que “la esperanza no defrauda”, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Aun cuando éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Esa es la medida de su ternura y de su promesa: si Él nos amó hasta la cruz, ¿cómo no nos acogerá también en la eternidad? Nuestra salvación no se gana, se recibe por pura misericordia.
Hoy el Señor nos invita a mirar la muerte con fe y serenidad. Recordar a quienes han partido no es un gesto de tristeza, sino un acto de confianza. En Cristo, los lazos del amor no se rompen: solo cambian de forma. Vivir en gracia es caminar hacia ese encuentro definitivo donde todo será plenitud. Que esta jornada fortalezca nuestra esperanza y renueve la certeza de que la vida eterna comienza ya en quien ama.
Propósito del día: ofrecer una oración por las
almas de los difuntos y vivir el día con esperanza cristiana.
Jaculatoria: Señor Jesús, haz que crea firmemente en tu promesa de vida eterna.
Comentario pastoral: Vaticano.