Evangelio 17 de noviembre de 2025
Evangelio según San Lucas 18, 35-43
En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”
Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: “¿Qué quieres que haga por ti?” Él le contestó: “Señor, que vea.”
Jesús le dijo: “Recobra la vista; tu fe te ha curado.” Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
Lectura del Día – 1 Macabeos 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64
En aquellos días, surgió un hombre perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado como rehén en Roma. Subió al trono el año ciento treinta y siete del imperio de los griegos. Hubo por entonces unos israelitas apóstatas, que convencieron a muchos diciéndoles: “Vamos a hacer un pacto con los pueblos vecinos, pues desde que hemos vivido aislados, nos han sobrevenido muchas desgracias.”
Esta proposición fue bien recibida y algunos del pueblo decidieron acudir al rey y obtuvieron de él autorización para seguir las costumbres de los paganos. Entonces, conforme al uso de los paganos, construyeron en Jerusalén un gimnasio, simularon que no estaban circuncidados, renegaron de la alianza santa, se casaron con gente pagana y se vendieron para hacer el mal.
Por su parte, el rey publicó un edicto en todo su reino y ordenó que todos sus súbditos formaran un solo pueblo y abandonaran su legislación particular. Todos los paganos acataron el edicto real y muchos israelitas aceptaron la religión oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el sábado.
El día quince de diciembre del año ciento cuarenta y cinco, el rey Antíoco mandó poner sobre el altar de Dios un altar pagano, y se fueron construyendo altares en todas las ciudades de Judá. Quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas; rompían y echaban al fuego los libros de la ley que encontraban; a quienes se les descubría en su casa un ejemplar de la alianza y a los que sorprendían observando los preceptos de la ley, los condenaban a muerte en virtud del decreto real.
A pesar de todo esto, muchos israelitas permanecieron firmes y resueltos a no comer alimentos impuros. Prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos que violaban la santa alianza. Muy grande fue la prueba que soportó Israel.
Las palabras de los Papas
“¿Por qué estos doctores de la ley no comprendían las señales de los tiempos? ¿Y pidieron una señal extraordinaria? Jesús se la dio. ¿Por qué no comprendían? Primero, porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema; tenían la Ley muy bien organizada. Una obra maestra. Todos los judíos sabían lo que se podía y lo que no se podía hacer; todo estaba resuelto. Y allí estaban seguros. No entendían que Dios es el Dios de las sorpresas. Que Dios siempre es nuevo. Nunca se niega a sí mismo. Nunca. Pero siempre nos sorprende. Y no lo entendieron y se encerraron en ese sistema, creado con tanta buena voluntad, y le pidieron a Jesús: “¡Pero danos una señal!”, y no comprendieron las muchas señales que Jesús dio que indicaban que el momento había llegado. Cerramiento. Segundo, habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas: ¿estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, estoy cerrado o estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona estática o en camino? ¿Creo en Jesucristo, en Jesús, en lo que hizo, en su muerte, en su resurrección y en el fin de la historia? ¿O creo que el camino continúa hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos? Podemos hacernos estas preguntas hoy y pedirle al Señor un corazón que ame la Ley, porque es la Ley de Dios, que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta santa Ley no es un fin en sí misma.” – Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 13 de octubre de 2014.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 17 de noviembre 2025
Reflexión: de la presión al milagro — fidelidad que ve
Hoy el Evangelio 17 de noviembre de 2025 dialoga con una página dura de 1 Macabeos: el poder que empuja a renegar de la alianza, a “ser como todos”, a diluir la identidad. Mientras unos rompen los libros sagrados y profanan el sábado, otros permanecen firmes, prefiriendo perder antes que traicionar. La pregunta es directa: ¿qué altar levantamos en el corazón —al del ruido y la conveniencia, o al del Dios vivo— cuando llegan la presión, la prisa y el miedo?
En ese mismo horizonte aparece el ciego del Evangelio 17 de noviembre de 2025 (Lc 18,35-43): marginado, silenciado, pero lúcido para reconocer a Jesús que pasa. Le gritan que calle, él grita más. Y Jesús se detiene, lo pone en el centro y le pregunta: “¿Qué quieres que haga por ti?”. La fe comienza cuando dejamos de negociar con las tinieblas y decimos sin rodeos: “Señor, que vea”. La libertad cristiana no consiste en parecerse a todos, sino en seguir a Cristo que abre los ojos y el camino.
El Papa Francisco lo resume con filo pastoral: Jesús nos toma “del borde del camino” y nos devuelve al centro, a la vida que alaba (Audiencia 15-06-2016). El signo hoy no es un prodigio espectacular, sino el paso real del Señor por nuestra calle. Si lo reconocemos, la misa de hoy deja de ser trámite y se vuelve respuesta: ver, levantarse y seguirle bendiciendo a Dios. Donde hay gratitud y obediencia, hay vista nueva.
Propósito del día: nombrar ante Jesús mi “ceguera” concreta y pedirle, con
perseverancia, la gracia de ver y elegir la alianza en lo pequeño.
Jaculatoria: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí. Señor, que vea.
Lecturas: 1 Mac 1,10-15.41-43.54-57.62-64 · Lc 18,35-43 | Comentario pastoral: Vaticano.
