Evangelio del 23 de noviembre de 2025
Evangelio según san Lucas 23, 35-43
Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.
También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”.
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Lectura del Día – 2 Samuel 5, 1-3
En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David, de la tribu de Judá, y le dijeron: “Somos de tu misma sangre. Ya desde antes, aunque Saúl reinaba sobre nosotros, tú eras el que conducía a Israel, pues ya el Señor te había dicho: ‘Tú serás el pastor de Israel, mi pueblo; tú serás su guía’”.
Así pues, los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver a David, rey de Judá. David hizo con ellos un pacto en presencia del Señor y ellos lo ungieron como rey de todas las tribus de Israel.
Segunda lectura – Colosenses 1, 12-20
Hermanos: Demos gracias a Dios Padre, el cual nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el reino de la luz. Él nos ha liberado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención, esto es, el perdón de los pecados.
Cristo es la imagen de Dios invisible, el primogénito de toda la creación, porque en él tienen su fundamento todas las cosas creadas, del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sin excluir a los tronos y dominaciones, a los principados y potestades. Todo fue creado por medio de él y para él.
Él existe antes que todas las cosas, y todas tienen su consistencia en él. Él es también la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que sea el primero en todo.
Porque Dios quiso que en Cristo habitara toda plenitud y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas, del cielo y de la tierra, y darles la paz por medio de su sangre, derramada en la cruz.
Las palabras de los Papas
“¿Por qué estos doctores de la ley no comprendían las señales de los tiempos? ¿Y pidieron una señal extraordinaria? Jesús se la dio. ¿Por qué no comprendían? Primero, porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema; tenían la Ley muy bien organizada. Una obra maestra. Todos los judíos sabían lo que se podía y lo que no se podía hacer; todo estaba resuelto. Y allí estaban seguros. No entendían que Dios es el Dios de las sorpresas. Que Dios siempre es nuevo. Nunca se niega a sí mismo. Nunca. Pero siempre nos sorprende. Y no lo entendieron y se encerraron en ese sistema, creado con tanta buena voluntad, y le pidieron a Jesús: “¡Pero danos una señal!”, y no comprendieron las muchas señales que Jesús dio que indicaban que el momento había llegado. Cerramiento. Segundo, habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas: ¿estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, estoy cerrado o estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona estática o en camino? ¿Creo en Jesucristo, en Jesús, en lo que hizo, en su muerte, en su resurrección y en el fin de la historia? ¿O creo que el camino continúa hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos? Podemos hacernos estas preguntas hoy y pedirle al Señor un corazón que ame la Ley, porque es la Ley de Dios, que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta santa Ley no es un fin en sí misma.” – Papa Francisco, Homilía en Santa Marta, 13 de octubre de 2014.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 23 de noviembre 2025
Reflexión: un Rey que reina desde la cruz
Hoy el Evangelio 23 de noviembre (Lc 23,35-43) nos revela el misterio más desconcertante del cristianismo: Jesús reina desde un trono que no es de oro, sino de madera; no domina por la fuerza, sino por el amor llevado hasta el extremo. Mientras las autoridades y los soldados se burlan de Él, proclamando irónicamente que es “el rey de los judíos”, Jesús responde no con poder, sino con misericordia. En su mayor humillación, manifiesta su verdadera grandeza.
La primera lectura (2 Samuel 5,1-3) nos recuerda que Dios escogió a David para guiar a su pueblo como pastor. Pero en la cruz descubrimos al verdadero Pastor: el que no solo conduce, sino que entrega la vida por sus ovejas. Y san Pablo, en la segunda lectura (Colosenses 1,12-20), nos muestra quién es este Rey crucificado: la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación, aquel en quien todo existe y todo se sostiene. El universo entero tiene su centro en Cristo… y ese Cristo está colgado en una cruz.
En este escenario aparece una de las escenas más conmovedoras del Evangelio: el buen ladrón. Mientras uno insulta, el otro reconoce la inocencia de Jesús, se abandona a su misericordia y pronuncia la súplica más humilde: “Señor, acuérdate de mí”. Y Jesús responde con la promesa más tierna y más inmediata: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Este es el corazón del Evangelio 23 de noviembre: no estamos ante un Rey que condena, sino ante un Rey que salva; no ante un juez que humilla, sino ante un Dios que abraza.
Propósito del día: dejarse mirar por Cristo en la cruz,
reconociendo que su reinado es servicio y misericordia.
Jaculatoria: Jesús, Rey del universo, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino.
Comentario pastoral: Vaticano.
