Evangelio 20 de noviembre de 2025
Evangelio según san Lucas 19, 41-44
En aquel tiempo, cuando Jesús estuvo cerca de Jerusalén y contempló la ciudad, lloró por ella y exclamó:
“¡Si en este día comprendieras tú lo que puede conducirte a la paz! Pero eso está oculto a tus ojos. Ya vendrán días en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán y te atacarán por todas partes y te arrasarán. Matarán a todos tus habitantes y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no aprovechaste la oportunidad que Dios te daba”.
Lectura del Día – 1 Macabeos 2, 15-29
En aquellos días, los enviados del rey Antíoco, encargados de hacer apostatar a los israelitas, llegaron a la ciudad de Modín para obligarlos a sacrificar a los ídolos. Muchos israelitas se les sometieron; en cambio, Matatías y sus hijos se les opusieron tenazmente.
Los enviados del rey se dirigieron entonces a Matatías y le dijeron: “Tú eres un hombre ilustre y poderoso en esta ciudad y cuentas con el apoyo de tus hijos y de tus hermanos. Acércate, pues, tú primero y cumple la orden del rey, como la han cumplido todas las naciones, los hombres de Judea y los que han quedado en Jerusalén. Así, tú y tus hijos serán contados entre los amigos del rey y serán recompensados con oro, plata y muchos regalos”.
Matatías les contestó con voz firme: “Aunque todas las naciones que forman los dominios del rey obedezcan sus órdenes y apostaten de la religión de sus padres, mis hijos, mis hermanos y yo nos mantendremos fieles a la alianza de nuestros padres. ¡Dios nos libre de abandonar nuestra ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey ni ofreceremos sacrificios a los ídolos, porque así quebrantaríamos los mandamientos de nuestra ley y seguiríamos un camino equivocado”.
Apenas había acabado de hablar Matatías, un judío se adelantó, a la vista de todos, para ofrecer sacrificios a los ídolos en el altar, conforme al decreto del rey. Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de ira santa, corrió hasta el judío y lo degolló sobre el altar. Mató, además, al enviado del rey, que obligaba a hacer sacrificios, y destruyó el altar. En su celo por la ley, imitó lo que hizo Pinjás contra Zimrí, el hijo de Salú.
Luego empezó a gritar por la ciudad: “Todo aquel que sienta celo por la ley y quiera mantener la alianza, que me siga”. Y, dejando en la ciudad cuanto poseían, huyeron él y sus hijos a las montañas.
Por entonces, muchos judíos que buscaban la justicia y querían ser fieles a la ley, se fueron a vivir al desierto.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 20 de noviembre 2025
Reflexión Evangelio 20 de noviembre: fidelidad en tiempos de violencia
Las lecturas de hoy, el pasaje de 1 Macabeos 2,15-29 y el Evangelio 20 de noviembre de 2025 (Lc 19,41-44), nos colocan ante dos escenas muy fuertes. Por un lado, Matatías se mantiene fiel a la alianza en medio de presiones, amenazas y promesas de riqueza. Por otro lado, Jesús se acerca a Jerusalén, la contempla y llora porque la ciudad no ha reconocido lo que traía la paz. La Palabra de Dios nos muestra hoy el contraste entre la fidelidad que resiste y el corazón que se cierra hasta perder la paz.
El Evangelio 20 de noviembre de 2025 es un espejo incómodo: Jesús llora sobre una ciudad que ha rechazado la oportunidad de la gracia. También hoy el Señor mira nuestro mundo herido por guerras, violencia, injusticias y odios que se alimentan. Como recuerda el Papa Francisco, detrás de muchos conflictos hay intereses económicos, comercio de armas y decisiones que prefieren el beneficio a la vida humana. Cuando elegimos el dinero, el poder o la ideología por encima del Evangelio, nos alejamos del camino de la paz y hacemos llorar el corazón de Dios.
La primera lectura nos presenta a Matatías, que se niega a traicionar la ley de Dios aunque le prometan honores y riquezas. Su gesto es radical, pero nos lanza una pregunta directa: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a ser fieles a Cristo cuando la fidelidad cuesta? El Evangelio 20 de noviembre de 2025 y el ejemplo de Matatías nos invitan a revisar nuestras alianzas interiores: qué decisiones, qué palabras, qué silencios construyen paz, y cuáles alimentan la injusticia, la división o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
Jesús declara bienaventurados a los que trabajan por la paz. Eso empieza en lo pequeño: en cómo hablamos, cómo perdonamos, cómo votamos, cómo consumimos, cómo miramos a las víctimas de la guerra o de la pobreza. Ser discípulos hoy es elegir la alianza con Dios por encima de cualquier ídolo moderno. El Señor nos llama a dejar las comodidades que sostienen la violencia y a convertirnos en artesanos de reconciliación allí donde vivimos.
Propósito del día: rezar por las víctimas de la guerra y hacer un gesto
concreto de paz (perdonar a alguien, evitar un comentario hiriente, apoyar una obra de caridad).
Jaculatoria: Jesús, Príncipe de la paz, hazme fiel a tu alianza y constructor de paz.
Comentario pastoral: Vaticano.
