Evangelio 18 de noviembre de 2025

Evangelio según San Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús, pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”.

Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.

Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Lectura del Día – 2 Macabeos 6, 18-31

Había un hombre llamado Eleazar, de edad avanzada y aspecto muy digno. Era uno de los principales maestros de la ley. Querían obligarlo a comer carne de puerco y para ello le abrían a la fuerza la boca. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente hacia el suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida.

Los que presidían aquel sacrificio pagano, en atención a la antigua amistad que los unía con Eleazar, lo llevaron aparte y le propusieron que mandara traer carne permitida y que la comiera, simulando que comía la carne del sacrificio ordenada por el rey. Así se podría librar de la muerte y encontrar benevolencia, por la antigua amistad que los unía.

Pero Eleazar, adoptando una actitud cortés, digna de sus años y de su noble ancianidad, de sus canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo, digna de la ley santa, dada por Dios, respondió enseguida:

“Envíenme al sepulcro, pues no es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado al paganismo. Y si por miedo a perder el poco tiempo de vida que me queda, finjo apartarme de la ley, se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar y deshonrar mi vejez. Y aunque por el momento me librara del castigo de los hombres, ni vivo ni muerto me libraría de la mano del Omnipotente. En cambio, si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y dejaré a los jóvenes un gran ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley”.

Dicho esto, se fue enseguida hacia el suplicio. Los que lo conducían, considerando arrogantes las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola.

Cuando Eleazar estaba a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros: “Tú, Señor, que todo lo conoces, bien sabes que pude librarme de la muerte; pero, por respeto a ti, sufro con paciencia y con gusto, crueles dolores en mi cuerpo y en mi alma”.

De esta manera, Eleazar terminó su vida y dejó no sólo a los jóvenes, sino a toda la nación, un ejemplo memorable de virtud y heroísmo.

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Reflexión: fidelidad que sostiene, mirada que salva

La liturgia de hoy une la figura de Eleazar (2 Mac 6,18-31) con el encuentro de Jesús y Zaqueo (Lc 19,1-10). El Evangelio 18 de noviembre de 2025 nos muestra que Dios sale al encuentro de quienes lo buscan, incluso desde su pequeñez y su pecado; y la primera lectura nos recuerda que hay hombres y mujeres que sostienen la fe del pueblo con su fidelidad hasta el final. Dos historias distintas, un mismo corazón: vivir para Dios sin doblez.

Eleazar, anciano, podría haberse ahorrado el sufrimiento fingiendo comer lo prohibido. Pero piensa en los jóvenes, en el testimonio que dejará, en la verdad de su conciencia. Prefiere una muerte honrosa a una vida cómoda pero falsa. Hoy, junto al Evangelio 18 de noviembre de 2025, esta página nos interpela: ¿qué precio estamos dispuestos a pagar por mantenernos fieles al Señor? ¿Negociamos la verdad por interés, miedo o conveniencia? La coherencia cristiana no es terquedad, sino amor que no quiere engañar a Dios ni escandalizar a los demás.

Zaqueo, en cambio, no aparece como un héroe fiel, sino como un hombre marcado por el pecado y la codicia. Sin embargo, el Evangelio 18 de noviembre de 2025 nos revela su deseo: “trataba de conocer a Jesús”. Se sube a un árbol, arriesga el ridículo, busca otra mirada, como recuerda el Papa Francisco. Jesús lo ve, lo llama por su nombre y quiere entrar en su casa. De esa mirada brota una conversión concreta: compartir sus bienes, restituir el daño, abrir las manos a los pobres. La salvación llega cuando dejamos que Cristo transforme nuestra vida real, también nuestro bolsillo.

Entre Eleazar y Zaqueo se dibuja un camino completo: fidelidad que no se vende y misericordia que no se cansa. Dios no se olvida de los que sufren por Él, ni desprecia a los que se han perdido pero desean recomenzar. El Evangelio 18 de noviembre de 2025 nos invita a revisar qué ejemplos estamos dejando a los que nos miran —hijos, nietos, amigos— y qué “árbol” necesitamos subir hoy para volver a ver a Jesús con un corazón sencillo y sincero.

Propósito del día: hacer un gesto concreto de coherencia cristiana (decir la verdad, rechazar una injusticia, reparar un daño) y un gesto de apertura a la gracia (confesión, oración, ayuda a un necesitado).
Jaculatoria: Jesús, que nunca das por perdido a nadie, fortalece mi fidelidad y renueva mi corazón.

Comentario pastoral: Vaticano.

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