Evangelio 10 de noviembre de 2025
Evangelio según San Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No es posible evitar que existan ocasiones de pecado, pero ¡ay de aquel que las provoca! Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino sujeta al cuello, que ser ocasión de pecado para la gente sencilla. Tengan, pues, cuidado.”
“Si tu hermano te ofende, trata de corregirlo; y si se arrepiente, perdónalo. Y si te ofende siete veces al día, y siete veces viene a ti para decirte que se arrepiente, perdónalo.”
Los apóstoles dijeron entonces al Señor: “Auméntanos la fe.” El Señor les contestó: “Si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a ese árbol frondoso: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, y les obedecería.”
Lectura del Día – Sabiduría 1, 1-7
Amen la justicia, ustedes, los que gobiernan la tierra, piensen bien del Señor y con sencillez de corazón búsquenlo. Él se deja hallar por los que no dudan de él y se manifiesta a los que en él confían.
Los pensamientos perversos apartan de Dios, y los insensatos, que quieren poner a prueba el poder divino, quedan en ridículo. La sabiduría no entra en un alma malvada, ni habita en un cuerpo sometido al pecado. El santo espíritu, que nos educa, huye de la hipocresía, se aleja de la insensatez y es rechazado por la injusticia.
La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres, pero no dejará sin castigo al que blasfema, porque Dios conoce lo más íntimo del alma, observa atentamente el corazón y escucha cuanto dice la lengua. El espíritu del Señor llena toda la tierra, le da consistencia al universo y sabe todo lo que el hombre dice.
Evangelio diario MisasHoy.es
Reflexión Evangelio 10 de noviembre 2025
Reflexión: fe pequeña, perdón grande
Hoy el Evangelio 10 de noviembre (Lc 17,1-6) nos pone frente a tres verbos que sostienen la vida cristiana: cuidar (no ser ocasión de tropiezo para los sencillos), corregir (fraterna y humildemente) y perdonar (incluso siete veces en un día). No es blandura, es firmeza del amor. Jesús no maquilla el pecado: lo llama por su nombre y nos pide responsabilidad. Pero, al mismo tiempo, abre el horizonte del perdón como camino de libertad para el corazón.
La primera lectura (Sab 1,1-7) aterriza esta llamada: “Amen la justicia… y con sencillez de corazón búsquenlo”. La sabiduría rehúye la hipocresía y la injusticia; es presencia del Espíritu que habita en el alma limpia. El Evangelio 10 de noviembre nos recuerda que el cuidado de los pequeños, la corrección sin humillar y el perdón sin calculadora solo nacen de un corazón custodiado por Dios. No se trata de voluntarismo ético, sino de dejar que el Espíritu haga morada en nosotros.
Por eso los apóstoles piden: “Auméntanos la fe”. Y Jesús responde con la semilla de mostaza: una fe mínima, pero auténtica, desplaza árboles y desenraiza hábitos. Es la “fuerza mansa” de la que hablan los Papas: no se impone, transforma; no grita, persevera; no busca intereses, sirve. Cuando nos hacemos “siervos inútiles”, el Evangelio avanza en lo pequeño, como esa semilla que nadie ve crecer, pero al final mueve montañas de rencor y planta bosques de reconciliación.
Propósito del día: dar un paso concreto de reconciliación: corregir con caridad a
quien amo o perdonar de corazón a quien me hirió.
Jaculatoria: Jesús, aumenta mi fe; dame tu Espíritu para cuidar, corregir y perdonar.
“La fe, como un grano de mostaza, realiza lo impensable porque lleva en sí la fuerza del amor de Dios; crece cuando nos hacemos siervos y nos hacemos cargo del sufrimiento del prójimo” (cf. Palabras de los Papas).
