Evangelio 7 de noviembre 2025

Evangelio 7 de noviembre según San Lucas 16, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: ‘¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador’”.

Entonces el administrador se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan”.

Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi amo?” El hombre respondió: “Cien barriles de aceite”. El administrador le dijo: “Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta”. Luego preguntó al siguiente: “Y tú, ¿cuánto debes?” Este respondió: “Cien sacos de trigo”. El administrador le dijo: “Toma tu recibo y haz otro por ochenta”.

El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz.

Lectura del Día – Romanos 15, 14-21

Hermanos: En lo personal estoy convencido de que ustedes están llenos de bondad y conocimientos para poder aconsejarse los unos a los otros. Sin embargo, les he escrito con cierto atrevimiento algunos pasajes para recordarles ciertas cosas que ya sabían. Lo he hecho autorizado por el don que he recibido de Dios de ser ministro sagrado de Cristo Jesús entre los paganos. Mi actividad sacerdotal consiste en predicar el Evangelio de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda agradable al Señor, santificada por el Espíritu Santo.

Por lo tanto, en lo que se refiere al servicio de Dios, tengo de qué gloriarme en Cristo Jesús, pues no me atrevería a hablar de nada sino de lo que Cristo ha hecho por mi medio para la conversión de los paganos, valiéndose de mis palabras y acciones, con la fuerza de señales y prodigios y con el poder del Espíritu Santo. De esta manera he dado a conocer plenamente el Evangelio de Cristo por todas partes, desde Jerusalén hasta la región de Iliria.

Pero he tenido mucho cuidado de no predicar en los lugares donde ya se conocía a Cristo, para no construir sobre cimientos ya puestos por otros, de acuerdo con lo que dice la Escritura: Los que no habían tenido noticias de él, lo verán; y los que no habían oído de él, lo conocerán.

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Reflexión: astucia para el bien y corazón misionero

Hoy el Evangelio 7 de noviembre de 2025 (Lc 16,1-8) nos sorprende con la parábola del administrador astuto. Jesús no aprueba su injusticia, pero sí su habilidad para reaccionar ante una crisis. Nos enseña que los hijos de la luz estamos llamados a usar con prudencia nuestros bienes, relaciones y tiempo para un fin más alto: el Reino. La pregunta es directa: ¿administramos lo que Dios nos confía con visión eterna o nos quedamos en lo inmediato?

La Lectura del Día (Rom 15,14-21) completa el mensaje: san Pablo reconoce que todo fruto apostólico es obra de Cristo en él y del Espíritu Santo. Su criterio es claro: llegar donde “no se conocía a Cristo”, no construir sobre cimientos ajenos. Así, la astucia del discípulo no es para sacar ventaja personal, sino para que más personas conozcan a Jesús. El cristiano une la prudencia estratégica del administrador con el ardor misionero de Pablo.

El Evangelio 7 de noviembre de 2025 nos invita a revisar nuestras decisiones: presupuestos, agendas, contactos, redes. ¿Los ponemos al servicio del bien? Dios nos pedirá cuentas, no para condenar, sino para coronar la fidelidad. Seamos “astutos para el bien”: creatividad para servir, rapidez para reconciliar, generosidad para compartir. Esa es la verdadera sagacidad del discípulo.

Propósito del día: hacer hoy un acto concreto de buena administración cristiana (revisar un gasto para compartir más, ordenar el tiempo para orar, reconciliar una relación).
Jaculatoria: Jesús, Dame tu Espíritu para ser prudente en el bien y ardiente en la misión.

Comentario pastoral: Vaticano.

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